DOCUMENTALES

CANARIAS

 MEMORIAS DE UN PUEBLO

Serie documental sobre la memoria histórica de la provincia de Santa Cruz de Tenerife 

«Canarias. Memorias de un pueblo» pretende poner de relieve costumbres olvidadas o en desuso que en algún momento de la historia supusieron un peculiar modo de vida en el archipiélago

EL HIERRO

EL SENDERO DE LAS MUDADAS

LA GOMERA

EL VELORIO DE LOS ANGELITOS

LA PALMA

LA MORADA DEL DIABLO

«El Hierro. El sendero de las mudadas» es el primer capítulo de una serie documental sobre la memoria histórica de la provincia de Santa Cruz de Tenerife titulada Canarias. Memorias de un pueblo.  Se trata de poner de relieve costumbres olvidadas o en desuso que en algún momento de la historia supusieron un peculiar modo de vida, como es el caso de los movimientos migratorios internos en la isla de El Hierro; las mudadas, desplazamientos provocados por las necesidades de los habitantes, la peculiaridad de la orografía y el clima de la isla.

Las mudadas —que aún se practican, aunque de manera muy difusa— equivalen a un tipo de trashumancia muy particular en la que participan todos los integrantes de un mismo núcleo familiar, los cuales realizan el desplazamiento con buena parte de sus bienes y su ganado. 

La fuerza de la orografía herreña está representada de manera especial en el Valle de El Golfo, donde el territorio queda perfectamente delimitado por la marcada pendiente de sus riscos y por el mar, lo que provoca que las comunicaciones con el resto de la isla sean ciertamente difíciles. No obstante, la existencia de terrenos aptos para pastos y cultivos hacen de El Golfo una zona de explotación estacional óptima, por lo que se convierte en lugar de destino de las mudadas, practicadas por la inmensa mayoría de las familias de los diferentes pueblos de la isla. 

En este fenómeno migratorio podemos encontrar los orígenes de los numerosos núcleos de población histórica en el Valle de El Golfo, como es, por ejemplo, el caso concreto del pueblo de Guinea. 

A pesar de lo duro del día a día, es curioso cómo la gente de una cierta edad recuerda aquella época como tiempos felices, en los que todos tenían que arrimar el hombro, pero siempre con una sonrisa en la cara. La máxima expresión de este contexto son los cantos de la meda, un género tradicional de mucho arraigo en la isla de El Hierro que, antiguamente, se cantaba mientras se trabajaba en las faenas agrícolas.

Tras la realización de «El Hierro. El sendero de las mudadas» hemos decidido asumir el reto de recoger, en el segundo capítulo, un documental titulado «La Gomera. El velorio de los angelitos».

 

El proyecto gira en torno a una costumbre en desuso y prácticamente olvidada que en algún momento de la historia supuso un peculiar modo de vida en la isla de La Gomera: «El velorio de los angelitos», una práctica mágico- religiosa, ahora perdida, que pretendía la comunicación con el más allá.

En el folclore de la isla pervivió la creencia de que, a través de los niños que fallecían, sus familiares podían comunicarse con los espíritus de sus antepasados, al actuar como intercesores entre los parientes vivos y los muertos. Así pues, «El velorio de los angelitos» era una celebración en la que quedaba de manifiesto la particular manera en que se velaba a los niños pequeños —los angelitos— antes de ir a enterrarlos.

Como ocurre con otros aspectos de nuestro patrimonio cultural, a lo largo de este siglo se han ido desvaneciendo manifestaciones que fueron pilares de nuestra identidad.

En el caso que nos ocupa, parece que fue una práctica común en todo el archipiélago y que paulatinamente fue desapareciendo. Se tiene constancia de que en La Gomera fue donde más tiempo pervivió.

Al son del baile del tambor, el padrino cogía al niño fallecido en brazos y daba una vuelta por la habitación. A continuación era el turno de la madrina, luego se ubicaba al pequeño difunto de nuevo en el mismo lugar y se sucedían los cantos y bailes acompañados del tambor, las chácaras y una flauta, mientras se entonaban pies de romance del estilo de: «Yo mandé un ángel pa’l cielo / y si no canto me muero».

Esta costumbre, practicada regularmente hasta mediados del siglo XX en La Gomera, está también muy presente en países como Chile, Argentina o Uruguay, en los que aparece ampliamente documentada y donde el baile de tambor es sustituido por el malambo. 

Tras la realización de «El Hierro. El sendero de las mudadas» y «La Gomera. El velorio delos angelitos» hemos decidido asumir el reto de recoger, en el tercer capítulo, un documental titulado «La Palma. La morada del diablo».

Una de las manifestaciones culturales más llamativas de la isla de La Palma es la de su imaginería festiva de fuego. Entre los meses de agosto y septiembre cuatro presencias infernales, hacen su aparición en los festejos patronales: La Danza del Diablo, en Tijarafe; El Diablo de Miranda, en Breña Alta; El Borrachito Fogatero, en Villa de Mazo y, por último; El Perro Maldito, en La Galga, Puntallana son las cuatro representaciones que toman las plazas y calles de La Palma. El origen, la historia y la vinculación con su entorno de estos diablos incandescentes es el objetivo de nuestro próximo capítulo...

Hasta el último cuarto del siglo XVIII aparecen documentados los en la isla de La Palma los denominados diabletes —hombres disfrazados con cencerros atados a la cintura y largas varas asidas en la mano con vejigas infladas en sus extremos—. Se trataba de una representación de la secular lucha entre el bien y el mal.

A pesar de la acogida popular de la que disfrutaban estos personajes, más tarde, fueron prohibidos a través de diversas órdenes reales y eclesiásticas.

La Danza del Diablo de Tijarafe, una original y sugerente creación de 1923 se ha erigido, por derecho propio, en todo un símbolo de aquel municipio, llegando a convertirse en un icono identitario. Incluso, el alcance de la danza, originada como un simple divertimento, ha derivado en una jugosa interpretación de la lucha entre el bien (la Virgen de Candelaria) y el mal (el Diablo). Es indudable que el éxito de la Danza del Diablo de Tijarafe ha motivado la creación de otros festejos concebidos bajo similares pautas como lo fue el Borrachito Fogatero (aunque buscando senderos propios) y, en menor medida fomentó, tam- bién, la recuperación en 2009 del Demonio de Miranda. 

LA ARTESANÍA DE VANGUARDIA

EN CANARIAS

Serie documental sobre la actualización y adaptación de los oficios artesanos en Canarias 

LA ARTESANÍA DE VANGUARDIA EN CANARIAS

«EL TIMPLE»

«EL TIMPLE» es el primer capítulo de esta serie documental que aborda la evolución que ha experimentado la artesanía en las últimas décadas dentro la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Se trata de poner de relieve diferentes profesiones que habitaron durante un tiempo en el olvido, y cómo han prevalecido gracias a una inminente adaptación a las nuevas tecnologías Y a las necesidades actuales en Canarias.

Para muchas personas, la artesanía es un término medio entre el diseño y el arte. Para otros es una continuación de los oficios tradicionales, en los que la estética tiene un papel destacado pero el sentido práctico del objeto elaborado es además muy importante. También quedan algunos artesanos que se dedican a los llamados «oficios tradicionales», pero estos cada vez son menos.

Uno de los principales problemas de la artesanía es la competencia con los productos procedentes de procesos industriales de bajo costo, con apariencia similar a los productos artesanos, pero con menor precio y calidad.

Otra dificultad para los artesanos es la forma de comercializar sus productos, ya que es una característica de la artesanía, que se realiza en talleres individuales o de pocas personas, con poca capacidad para llegar al mercado.

En oposición a las producciones industriales o en serie, una artesanía se define como un trabajo minucioso y detallista donde cada objeto es único y debe recibir una atención especial. Para llevar a cabo este trabajo los artesanos ponen en práctica diversas técnicas manuales aprendidas y desarrolladas a lo largo del tiempo.

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